Uno de los imputados del crimen de Héctor Leonardo Navarrete se entregó este jueves a la policía y se halla detenido. Se trata de Diego Gabriel González, de 25 años.

Navarrete, que tenía 30 años y era apodado “Pepo”, murió el 20 de septiembre pasado, tras haber sido baleado el día antes en el Barrio Fonavi, cuando acompañaba en moto a Jonatan Pinavaría, a quien en realidad iban dirigidos los disparos efectuados desde un automóvil Volkswagen Bora de color gris por varios sujetos.  El incidente ocurrió exactamente en 98 y 65, aproximadamente a las 21 del 19 de septiembre.

Por este hecho se inició  una causa caratulada “homicidio agravado por el uso de arma de fuego en concurso de dos o más personas”, a cargo de la agente fiscal Silvia Gabriele, actuando como juez de garantías Guillermo Llugdar.

“Pepo” Navarrete murió cuando era sometido a una cirugía en el Hospital Municipal. Había recibido entre tres y cuatro disparos de arma de fuego de diferentes calibres. De ellos, el que le generó gravísimas lesiones fue uno realizado con un pistola de nueve milímetros.

Tras haber recibido los disparos, el conductor de la moto, Jonatan Pinnavaría lo trasladó hacia el hospital, dejándolo en manos de los médicos, alejándose rápidamente del lugar antes que llegara personal policial.

Pocas horas más tarde Pinnavaría sería detenido por “portación ilegal de arma de fuego” y “encubrimiento”. Se desplazaba en una moto y llevaba dos revólveres: uno calibre 32 y otro 38.

Pinnavaría era el destinatario de los disparos que fueran efectuados desde un automóvil que derivaran en la muerte de Navarrete.  Pero el cuerpo de Navarrete hizo de escudo y recibió los impactos.

El motivo habría sido que tiempo atrás Pinnavaría habría baleado al padre de los hermanos González en un episodio callejero, a raíz de lo cual el hombre viera afectada su movilidad.

Horas después de haberse cometido el crimen de Navarrete, la policía a apresó a un hombre y su hijo, quienes posteriormente recuperaron la libertad por falta de pruebas.

La investigación apuntó a los hermanos Diego y Ezequiel González. El primero de ellos fue el que se entregó este jueves. Sobre el segundo no pesaban medidas de restricción de la libertad.

Una serie de allanamientos realizados en los últimos días, incluyendo uno en Quequén, así como otras diligencias policiales relacionadas con el caso Navarrete, habrían contribuido a que Diego Gabriel González se sintiera cercado, decidiendo finalmente entregarse a las autoridades. Habrá que aguardar ahora su declaración sobre el caso

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