En estas últimas semanas Necochea estuvo en boca de los medios nacionales, en las redes sociales y en todas las sobremesas familiares, y no justamente por tener las mejores playas de Argentina. El 29 de enero se viralizó un video en el cual tres mujeres decidieron sacarse el corpiño de la maya en la playa, este hecho fue motivo de que algunos/as veraneantes se quejaran y llamaran a la policía.

Acto seguido un conglomerado de patrulleros y policías armaron un espectáculo hermoso alrededor de seis tetas al desnudo. La polémica era clara: ¿Está bien que la mujer ande en tetas? ¿Está mal? Los comentarios más escuchados fueron, por un lado aquellos que creían que debían hacerlo en una playa nudista, que el exhibicionismo era innecesario, el interrogante: ¿cómo se lo explico a mis hijos?, y por otro lado un grupo de gente que consideraba que fue alevosa la reacción de la policía  -que tanta vista gorda hace con millones de cuestiones- pero que seis tetas de mujeres al desnudo sin ningún fin específico más que estar cómodas, los hicieron entrar en cólera.

Parecía que el debate estaba saldado, pero el movimiento de mujeres decidió no dejar que pase esta situación como una más. Se organizaron “tetazos” en muchas ciudades de nuestro país: Rosario, Mar del Plata, Buenos Aires, Córdoba, Necochea, Mendoza, entre otras. Y la polémica volvió a las redes en un nivel más violento, acompañada por una cobertura de los medios masivos que dejaron como única imagen del tetazo a una chica arriba de un patrullero graffiteandolo. “Esas mujeres no me representan”, “por qué no salen a marchar por algo más contundente”, “usen la inteligencia”, “son todas feminazis y lesbianas” eran algunas de las reacciones virtuales que se podían leer en Twitter o Facebook.

Lo personal es político fue la bandera del feminismo radical allá a fines de los años 60,entendiendo a grandes rasgos que la sexualidad es una construcción política, entonces, si hoy en día los hombres pueden andar con el torso desnudo, ¿por qué las mujeres que desean hacerlo no podrían? Va más allá de las subjetividades, es una cuestión político-cultural que engloba una doble moral muy peligrosa. La pregunta es, ¿qué es lo que realmente molesta? ¿La teta no mercantilizada?,  ¿La autonomía de la mujer sobre su cuerpo?

El tetazo fue un grito ante esa hipocresía que se enardece con un patrullero pintado, pero que naturaliza todo tipo de violencia para con la mujer, esa hipocresía que dice que las mujeres podemos luchar por nuestros derechos, pero selecciona cuáles son los adecuados, la misma hipocresía que sentada atrás de una computadora le indica a las mujeres cual es la mejor manera de pedir que dejen de matarnos, y así podría continuar la lista. Lo que sucedió pone de manifiesto que nos falta mucho como sociedad, porque el tetazo no implica que todas andemos en tetas por la calle -o sí-, apunta a que hay tantos feminismos como cantidad de mujeres, algunas queremos andar en tetas igual que los hombres, otras nos sentimos más cómodas con corpiño. La libertad de poder hacerlo, de luchar contra todo lo que nos oprime es la batalla que estamos dando día a día.

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